"Todavía una canción de amor"

Sangro. No me he dado cuenta y he conseguido que se ponga a sangrar. Guardo el dedo pulgar sangrante dentro del puño para detener la pequeña hemorragia que me he provocado. Noto palpitar el dedo mientras miro disimuladamente al público. Aún se están sentando. Tengo que parar Spotify que vienen de la organización. Suenan Los Rodríguez que me dicen eso de “No te vayas si te grito piérdete”. Me quito los cascos y se pierde la canción. Duele. Otra vez me han traído un micrófono de esos que se pasan por detrás de las orejas que tanto odio.


Figura 1: "Todavía una canción de amor"

¿Dónde estarás? Sé que hoy has venido aquí y espero que hayas entrado a verme, pero no sé exactamente dónde te puedes haber sentado. Me agacho y me retiro el pelo para que me pongan el micrófono. Hay como cien personas solo en el auditorio pero aún siguen entrando. ¿Dónde estás?

¿Al final puede que no hayas entrado? No lo creo. Pero tampoco sería la primera vez. Estarás por la sala. Sigo notando cómo se aceleran los latidos de mi corazón en el dedo pulgar sangrante mientras me colocan el micrófono. Me preguntan algo. “Sí, agua, por favor”, contesto. Tengo la presentación lista y te busco sin que se note. A pesar de que sepa que estás por aquí nunca sé si al final vas a entrar o no. No será la primera vez que te busco y no estás. Ya he pensado eso antes. ¿Estoy nervioso?

Me enfado conmigo mismo por haberme hecho la herida en el pulgar. Los nervios me han vuelto a traicionar y he comenzado mecánicamente a arañarme. Me miro la mano que tengo apretada con la esperanza de que la hemorragia que me he provocado se haya detenido. ¿Cuántas veces me has dicho que no me arañe cuando estoy nervioso? No mucha gente sabe que hago esto. Pero no puedo evitarlo. Sigo sacando el corazón para matar al pulgar. Y me araño. Me araño y no lo noto. ¿Dónde estás? Te busco más descaradamente. Parte del público se ha dado cuenta de que busco algo y también buscan. No entienden por qué, pero siguen mi mirada buscándote sin saberlo. No noto que me hago daño hasta que es demasiado tarde.

Me miro la mano otra vez. La pequeña hemorragia se ha convertido en un pequeño e incipiente coágulo de sangre que pronto se convertirá en una pequeña costra cuando se seque. Me dan ganas de sacar fuego y cauterizarme la herida. Como en las películas de héroes. La uña del dedo corazón guarda los restos del delito. Al lado la goma del pelo en el pulgar. Parece un anillo o una alianza, pero solo es una goma del pelo para cuando me quite el gorro y quiera pasar un poco más desapercibido por el mundo. Sherlock Holmes lo hubiera adivinado todo muy rápido. Estoy nervioso. ¿Por qué? ¿Por ti? Si cuando no vienes las charlas se graban. Sé que siempre las puedes ver. Probablemente la verás aunque no te guste. En mi canal Youtube. Incluso te las mandan por WhatsApp para que las veas. ¿Dónde estás? ¿Harás fotos? ¿Has traído el iPhone? ¿Sigues teniendo ese iPhone?

Me están presentando. El corazón palpita aún en el pulgar. Duele. Me debería comer las uñas como todo el mundo en lugar de arañarme. ¿Dónde estás? Empiezo a hablar. “Hola hackers”. Esta charla me la sé. Bueno, como todas. Incluso las que doy por primera vez me las sé. Las hago antes mentalmente varias veces. No hay improvisación en el tempo y los contenidos. Sí en los chistes. Voy a hacer uno. Se ríen. ¿Te habrás reído? ¿Dónde estás?

Seguro que si estás en la sala te has reído. Lo sé. Luego me dirás que era una broma muy macarra. Muy de Bronxtolex. Pero sé que te gusta. Lo pienso para mí mientras sigo hablando y buscándote con el rabillo del ojo. Hago una pausa para reírme yo, que a mí me ha hecho gracia pensar en lo que dirás sobre esta gracieta. ¿Dónde estás? ¿Será esta una de esas charlas que verás por Internet? Voy a hacer la primera demo. Vamos, Chema. ¿Qué puede salir mal en la demo? Me la sé. La he hecho varias veces ya. ¿Se entenderá lo que estoy explicando? ¿Te gustará? Me falla a la primera. Risas. Chiste sobre lo torpe que soy. Risas masivas. Funciona la demo. “¿A que mola?”. Risas y aplauso. Je. Seguro que te gusta. Te gusta cuando hago estas tonterías.

La charla se va a acabar. Llegamos a las preguntas. ¿Dónde estarás? Primera pregunta. Encienden las luces. Te cazo. Te veo. Estás ahí. Te he cazado. Miras hacia abajo. Parece que no te interesa la charla. Disimulas mirando el móvil. Pasas de las preguntas. Y también pasas de las respuetas. Contesto la pregunta. Larga respuesta, como siempre. Otra pregunta. Sigues con el móvil. Te veo de reojo levantar la cabeza y mirarme. Algo haces con el iPhone. Me rio sin mirarte. Te ríes en la distancia.

Me despido y comienzo a recoger todo para no olvidarme nada. Cargador. Adaptador. Mi iPhone. Lo meto todo en la mochila mientras me empiezan a pedir alguna foto. Firmo un par de libros. Te busco. ¿Dónde estarás ahora? No estás en tu sitio. “Sí, contacta conmigo por Linkedin”. “No, no tengo tarjeta de negocios. No uso”. Foto. “Sí, en la web de Telefónica tienes para contactar con nosotros”. Foto. Foto. “Gracias”. Avanzo hacia la salida mientras me siguen preguntando cosas.

Llego a la puerta. Disimulas. Te hablo. “Hola”.”¿Te ha gustado la charla?”. Sonríes. “Sí”. Foto. Otra foto. Esta nos la haces tú con el Android de la joven estudiante que acaba de pedirme la foto. Te ríes. Te hace gracia que me pidan fotos aún. Y que las tengas que hacer tú. Después de tanto tiempo. Te divierte. Foto. “¿Conoces a Chema?”, te preguntan. Te ríes nerviosamente. “Sí, de hace algo de tiempo”. Te ríes. Me río para que lo notes tú. Los demás no lo notan. Te pones cuasi colorada.

Vienen de la organización a por mí. Se acabaron las fotos. Se acabaron los dibujos de No Lusers diciendo eso de “Con amor maligno, Chema Alonso” en los libros de 0xWord. Se acabaron las charlas con los asistentes. Te separas dando un paso atrás. Me llevan. Tengo que hacer las entrevistas con los medios. Te lanzo una mirada que tú entiendes. “Luego te busco”. Sonríes y te apartas para que me vaya.

Me llevan. Otra vez estoy solo mientras me rodean. Aún llevo el micrófono que tanto odio. Quiero terminar mi canción de Los Rodríguez. Voy a entrar en la sala donde esperan los periodistas. Me giro para verte. Te pierdo. Te has ido y no estás. “¿De verdad le habrá gustado?” “¿Cuánto tiempo pasará hasta nos volvamos a ver?” Miro mi dedo corazón aún ensangrentado. Está a punto de comenzar a arañar otra vez de los nervios la misma zona que tantas veces me dijiste que no me arañase. Palpita el corazón en la herida. Te busco. ¿Dónde estarás? Te has ido. Sangro.

FIN. }:)

Más lecturas:

- Un día cualquiera
- Un día cualquiera en un hotel cualquiera
- 1997
- Arqueología del siglo XXI
- Dos mil sesenta y tres
- You Leak IT

Saludos Malignos!

Via: www.elladodelmal.com
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